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La política en diálogo: “Ética, filosofía y gestión en la Politeia”

In Ciència Política, filosofia, política, sociologia on Març 9, 2012 at 9:07 pm

La política en diálogo:

 “Ética, filosofía y gestión en la Politeia” 

Conferencia en el marco de la V asamblea del distrito 2202 del Rotary Club. Hotel Condes de Urgell, Lleida, 9-3-2012.

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En primer lugar, señoras y señores quería agradecer la gentileza de la invitación que me cursó el presidente del Rotary de Lleida, D. Javier Trías, y digo gentileza y así es, pues su propuesta me permite transmitir mi visión de las cosas, de la política, de la situación en que vivimos.,

Decirles pues, que me siento encantado y honrado de poder estar ante ustedes y poder exponerles mis reflexiones entorno al título de la conferencia : “La política en diálogo: Ética, filosofía y gestión en la Politeia”, donde de alguna manera les expondré someramente algunos principios de la Ciencia Política y la Sociología, como también de lo que he dejado escrito en el ensayo que publiqué en junio de 2010, con el título “Manual de Supervivencia”,  tras algunos años de reflexión y estudio.

Aún así, no debo negarles que en un primer momento me plantee que es lo que podría explicarles yo a tan distinguido foro qué podría decirles yo desde mi perspectiva académica y a la vez no resultara una conferencia aburrida y farragosa.

Les pediría en primer lugar que hicieran un ejercicio personal, para poder sustraerse del concepto coloquial, de lo que solemos entendemos entender por política, y me refiero a la política en minúscula, sin que con esta consideración quiera atribuirle un significado peyorativo, me refiero a aquello que leemos, escuchamos o vivimos en nuestro día a día y que yo bautizaría como ”las políticas”, en plural.

Espero que al término de la conferencia haya sido capaz de transmitirles, la diferencia existente respecto del término política, o dicho de una manera más científica: de la “Politeia”, como la conocían los griegos clásicos, querría abrir, sin embargo, mi exposición, recordando ahora que se cumplen 107 años de la fundación de esta organización que hoy me acoge, unas palabras que poca gente conoce respecto de un Rotario significado por su aporte a la política universal, me refiero al que fuera presidente de los Estados Unidos de America, Woodrow Wilson, también politólogo, al que suele recordarse por sus famosos 14 puntos defendidos ante el Congreso norteamericano, que luego habrían de servir para establecer el tratado de Versalles en 1919, de entre los que destacaría:

  • El final de la diplomacia secreta
  • La libertad de navegación y comercio
  • La desaparición de las barreras económicas
  • La reducción de los armamentos militares
  • La creación de una Liga de Naciones

Woodrow Wilson, fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz en 1921, estando ya gravemente enfermo, y ante su ausencia, remitió un telegrama de aceptación donde Wilson decía lo siguiente:

“De hecho, se da un ejercicio peculiar en las agrupaciones de estos Premios Nobel. La causa de la Paz y la causa de la verdad, son de una misma familia. Del mismo modo como los amantes de la ciencia dedican su vida a la física o a la química, del mismo modo como se crean nuevos y más altos ideales de la humanidad en la literatura, así también para aquellos que estiman la paz, no existen límites. Lo que se ha conseguido en el pasado es insignificante en comparación con la gloria y la promesa del futuro”[1]

¿Porqué he escogido estas palabras de Wilson para abrir mi conferencia?, Porqué quería poner de relieve como la acción política, las políticas,  tiene efectos sobre la paz si esta es entendida, como él proponía: Como común familia de la verdad.

Dicho esto, que les he trasladado como un apunte recordatorio,  volveré al  contenido central de la conferencia.

El término que la Ciencia Política y la Sociología entiende por “política” sería, para explicarlo de una sencilla y que pueda entenderse fácilmente, aquello que podemos encontrar descrito por las obras de los filósofos Platón y Aristóteles, de manera que el planteamiento del concepto contemporáneo de política se asimila al concepto que, ambos filósofos entendían y definían como: la “Politeia”, aunque el término en uno y otro cobran significaciones diferenciadas y distintas, si bien que evidentemente complementarias, a pesar que el contexto temporal de sus obras fuera distinta.

Empezaremos por Platón[2], él nos plantea el concepto de Politeia como una descripción de la “Res Pública” (la cosa pública), una descripción que retomaría 300 años más tarde el jurisconsulto y procónsul Marco Tulio Cicerón, por eso me permito usar el término romano para describirlo.

Querría hacer un inciso aquí respecto de Cicerón, de quien cabe recordar que en su aplicación práctica, la sustentaba en los términos de la paz y la equidad, ésta esencialmente tributaria, suprimiendo los impuestos abusivos y moderando la tasa de interés usuraria.

La obra principal de Platón es conocida como “Los diálogos”, si bien que el título original es más concretamente “La República”, término que en la concepción moderna i contemporánea también pudiera llevarnos a equívoco, pues él se está refiriendo, como decía antes, a la “cosa pública”, entendiendo el filósofo de Egina que la Politeia se refería al entramado institucional o por usar una terminología al uso: la gobernanza.

Nos referiremos ahora al que fuera discípulo de Platón, Aristóteles, quien es mucho más claro que su tutor en la definición de la Politeia pudiendo entenderla como referida a lo que nosotros entenderíamos como “sistema político”, de manera que es el “sistema”, y no otra cosa la forma que adopta el concepto, en definitiva lo que para el filósofo de Estagira es aquello importante y substantivo a que referirse.

Volveremos más adelante sobre ellos.

Fíjense que en el título incorporo el concepto del diálogo, al plantear “la política en diálogo”, claro que, para ser más precisos, deberíamos hablar del “diálogo en la Politeia”, probablemente una terminología más adecuada.

Claro que será preciso que les aclare que es lo que yo entiendo por diálogo, para poder ir más allá de la interpretación filológica.

Es decir, más allá del funcionamiento de los signos y de las palabras para poder encontrarnos con el concepto mismo, y para sorpresa mía, me encuentro con que el diálogo se me ofrece, conceptualmente hablando, de una manera abierta y llana en conexión terminológica, al significar nada más y nada menos que: “La búsqueda de la verdad a través de la conversación”.

Vaya pues, nos habló de la verdad Woodrow Wilson, y nos hablaron de la conversación, Platón y Cicerón, vemos pues que no parece un objeto tan distinto.

Y ello me permitía descubrir a su vez, cómo, más allá de la componente comunicativa, el término nos lleva hacia alguna cosa más que la experiencia argumentativa que le es propia, más allá del simple intercambio de información, y más allá, también, de la teoría lingüística, se nos abre el concepto a un objetivo substancial que no es otro que la búsqueda de la verdad como foco de estudio, algo que también cultivó Erasmo de Roterdam i tantos otros.

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Vemos pues como es también desde el ámbito de la Ciencia Política y la Sociología como podemos hablar argumentativamente del diálogo, pero se planteaba una nueva duda: ¿como enfocar la sesión a la que tan gentilmente he sido invitado?.

Me permitirán que me adentre en otro campo, el teológico, para tomar prestadas unas palabras de Benedicto XVI; No quiero esconderles que para mi Benedicto XVI, Joseph Ratzinger, a parte de lo que pueda representar en el marco orgánico y teológico de la Iglesia Católica, es uno de los principales teóricos en el ámbito de la sociología política, aunque de entrada pueda parecer extraño.

Hecha esta aclaración, me permitirán que use de él un fragmento de un discurso que Ratzinger dictó el 21 de enero pasado, que me sirve para contextualizar la perspectiva desde la que estoy configurando esta conferencia.

Por qué descubro en este parágrafo unas notas esenciales sobre el concepto del diálogo, en clara perspectiva politológica y sociológica, que nos habrán de permitir una primera aproximación a aquello que yo quiero expresar.

Nos dice:

“El hombre no puede quedar satisfecho con un sencillo y tolerante intercambio de opiniones escépticas y de experiencias de vida”

 

Y me surge una primera pregunta sobre aquello que nos dice el propietario de esas palabras:

¿Con esto quedaría definida la perspectiva que nos interesa para esta conferencia?  ciertamente, en la negación de la simplicidad del diálogo es donde surge aquella expresión, dado que el autor rehúye entender el diálogo como una expresión meramente argumentativa.

Aunque éste sea, como él nos dice: un sencillo y tolerante intercambio, por que en él, en el diálogo, debe darse alguna cosa más, y nos lo descubre si continuamos leyendo parágrafo, cuando afirma:

“todos buscamos la verdad y compartimos este profundo anhelo, principalmente en estos tiempos”

De manera que aquí se nos descubre aquel principio de igualdad en la búsqueda de la verdad, que la moderna sociología política ha ido contextualizando por su parte, a partir, esencialmente, de las revoluciones burguesas del siglo XVIII, pero, será en las últimas líneas del párrafo, donde hallaremos, como decía, Más allá de la interpretación teológica que se pueda hacer, para descubrirnos a la que yo veo como una auténtica esencia del término diálogo, en la afirmación:

 

“cuando se intercambian informaciones, las personas se comparten a ellas mismas, a su visión del mundo, a sus esperanzas, a sus ideales”[3]

 

Aquí radica pues, des de mi perspectiva, la esencia del concepto que podemos extraer del texto que he utilizado,  dado que en el intercambio de visiones, transmitimos a la vez ideales y esperanzas y por tanto en este intercambio hacemos alguna cosa más que intercambiar informaciones,

Nos compartimos a nosotros mismos como seres sociales y políticos que somos,  nos descubrimos, de hecho, como auténticos  zoon politikon[4] como nos fuera descrito por Aristóteles en referencia  a nuestras dimensiones sociales y políticas,  de manera que a diferencia de los animales, poseemos la capacidad natural de relacionarnos políticamente, o sea, la de crear sociedades y organizar la vida en las ciudades…

Y por tanto, será en aquella búsqueda de la verdad donde se darán aquella visión, aquellos ideales, aquellas esperanzas, que constituyen valores principales y esenciales y donde se dará el intercambio que nos ha de llevar más allá del diálogo mismo, conformándolo y dándonos certeza.

Fíjense como estamos introduciendo conceptos como el de los valores principales y esenciales, que nos definen una suerte de armonía universal, que sería poco más que anecdótica si fuera observada desde una perspectiva limitada, valores principales y esenciales que conformarían un paradigma de cambio si fuéramos capaces de desarrollar una mínima parte de ellos,  si los consideramos como elementos consubstanciales en la prefiguración del contenido histórico o académico que se nos va desvelando a lo ojos, quizás también a los del alma, si me permiten esta justificación.

Del factor “valor”, del factor “principio”, nos descubrimos a nosotros mismos, a medida que los vamos incorporando a nuestra propia dimensión social, a la vez que va incorporándose, también, a los diferentes nichos de socialización de la vida:

La familia, la academia, la profesión, contextos en los que nos desarrollamos en el habla, pero también en el mutuo descubrimiento, y en el diálogo.

Me permitirán que haga en este momento una pequeña reflexión y me permitan imaginar, como si el mundo en realidad fuera alguna cosa más que la suma de diferentes realidades sociales y políticas, como si tuviera, el mundo, vida propia al margen de las sociedades mismas, y ahora puede que algunos de ustedes crean que me estoy saliendo de madre en este momento de la conferencia, pero no lo pretendo, se lo aseguro.

Querría que en aire de esta conferencia, planeara una perspectiva, la de intentar ver el mundo, como les decía con vida propia, sería entonces cuando nos encontraríamos en la búsqueda de un nuevo paradigma.

¿Y se preguntarán, pero de que paradigma nos está hablando?

Pues les hablo del paradigma en el que el diálogo se produce entre la parte del mundo que creen haber legado a las más altas cotas de su evolución y cohesión social y política, respecto de aquella parte del mundo que aún se encuentra en vías de industrialización, o respecto de aquel mundo que se descubre en haber perdido el tren de la misma, todos, a su vez, en diálogo con otra parte del mundo que no llegará ni tan siquiera a plantearse más que economías de subsistencia, me refiero a aquellos mundos emergentes, en permanente descolonización con un modelo primario de sociedad, pero fíjense, como en todos ellos la participación ciudadana se encuentra anclada y dirigida, con una cierta dinámica de ausencia de valores, como ausencia se da del diálogo del mundo político y social con una sociedad a la que unos y otros pertenecen,  quizás por ello podamos percibir como puede resultar de compleja la gobernanza, si somos conscientes de las características que ya van definiéndose en este siglo XXI, y soy consciente que estoy haciendo una cierta interpretación holística.

Ubicándonos, pues, en esta tesitura, donde algunas escuelas y tendencias científicas aún investigan los modelos de la democracia contemporánea, es la democracia, el concepto que, en el marco del diálogo general, planeaba. Así mismo, sobre aquello que les he expuesto,  siendo oportuno citar aquí una afirmación del sociólogo alemán Jünger Habermas, quien nos dice que:

 

“el procedimiento democrático ya no extrae su fuerza legítima únicamente y ni tan sólo de la participación política y de la expresión de la voluntad popular…”[5] .

Podríamos convenir, entonces, que los conceptos políticos y los sociales son y serán cambiantes, de manera que el diálogo entre ellos habrá de generar nuevas expectativas globales,  sin dejar de tomar en consideración, los aspectos de un modelo realista de las relaciones políticas.

Así, se hará absolutamente aceptable afirmar que las nuevas circunstancias, les del mundo contemporáneo de este siglo XXI,   se definen a partir de un nuevo discurso, un diálogo que bebe de las fuentes de nuevas dialécticas, las de aquellas que irán estableciéndose una vez más en la historia, a partir de las sociedades en conflicto, un conflicto en el que el adversario deberá constituir una categoría crucial para la vida política democrática como nos lo reconoce la politóloga belga Chantal Mouffe, al decirnos que:

el modelo adversarial habrá de considerarse como constitutivo de la democracia porque permite a la política democrática transformar el antagonismo en agonismo”[6] .

Este modelo adversarial del que nos advierte Mouffe, nos anuncia la existencia del diálogo entre adversarios, cuando estos dejan de convertirse en elementos que se sustentan en la lucha, la rivalidad o la oposición, para devenir instrumentos de transformación, elementos de transición, en definitiva, de tal manera que, de considerar así el modelo adversarial, este nos está hablando a la vez del diálogo para la paz, de la paz social, aquella que solo perturbaría la pasión, el ansia, y sería así como podríamos acabar descubriendo la influencia que todo ello provoca en los modelos de estratificación y de las relaciones sociales, modelos que  han sido estudiados por los teóricos de todas las épocas, tantos y tantos científicos sociales.

Tomaría prestadas aquí las palabras de la Dra. Fuster Peiró[7], cuando nos descubre en su estudio sobre Hanna Arendt, la existencia de un diálogo substancial que precisa de un requisito previo, la existencia de un mundo, aunque pueda parecer baladí, y ella nos dice lo siguiente:

Sin mundo, no existe la posibilidad de poner en práctica la acción (praxis) y la palabra (lexis), genuinamente políticas. En definitiva, sin mundo, la libertad de los seres plurales no está en condiciones de estar”

 

Vemos pues, como nos apunta la existencia humana como esencial, para poder definir, también, el concepto de libertad, para conformar un nuevo escenario, donde la praxis y la lexis, la acción y la palabra, puedan convivir, y donde nuevamente descubriríamos como el establecimiento de un diálogo permanente entre ambas significaciones, deviene imprescindible y las hace a la vez, viables y esenciales componentes del diálogo en la política.

Desde mi perspectiva, quien mejor nos explicó en la historia del pensamiento el concepto del diálogo fueron, como ya habíamos apuntado: Platón y Aristóteles, aunque ello pueda parecer un reduccionismo banal, porqué la filosofía en general, y la filosofía política en particular, nos dibujan un largo camino hasta nuestros días, y con notorios autores, para mi será la doctrina del alma de Platón, la que, determina una retórica esencial que hasta en nuestros días plantea aún un cierto diálogo en la construcción social, la convergencia del mundo de las ideas con el mundo de la materia, un mundo que, a decir del filósofo, se crea a partir de la intervención del Demiurgo, en la perfección de las ideas, siendo a través del concepto de alma que él nos aporta, y cuando nos define las tres almas sociales, como pueden ver en la diapositiva.

Como es algo que podemos intuir hoy en día, y más aún en la transformación social que se instituye, a partir de la última revolución industrial, la tecnológica, en la que estamos ahora mismo inmersos aunque solo en sus inicios,

por tanto el diálogo y el conflicto se confunden para construir una nueva realidad social, más allá de las referencias clásicas, en la transición de la pirámide social tradicional a la pirámide social contemporánea, donde en ambas el diálogo deviene conflicto, nuevamente, en una evidente transformación del que era hacia el que es, aunque el relato se nos continúe planteando como si la antigua estructura social, antigua pero quizás no tanto, continuara aún vigente.

Cuando nos adentramos en Aristóteles podremos ver, como, mientras que en Platón descubríamos una esencia más de la descripción social, en su discípulo descubrimos una raíz más directamente política, en la que el diálogo se establece entre sistemas políticos de gobierno como él los entendía, nuevamente un diálogo histórico, entre aquellos que considera sistemas rectos, y aquellos que considera como sistemas divergentes, y fíjense en un detalle curioso: contrariamente a  lo que suele conocerse, Aristóteles consideraba divergente a la democracia, junto con la oligarquía y la tiranía.

Pero este no es el hecho más significa que me lleva a recordar a Aristóteles en esta conferencia, el reflejo aristotélico en el diálogo en la  política, nos viene dado por cuatro conceptos que confluyen y dialogan a lo largo de la obra aristotélica en su conjunto, como pueden ver en la siguiente diapositiva, cuatro conceptos que, aún hoy, son inmanentes a las razones mismas de la esencia misma política y social de nuestra civilización, con conceptos como: la excelencia, ahora tan de moda, la asociación, la meta y la multitud,  conceptos que continúan siendo tan validos e imprescindibles ayer como hoy, en el diálogo, en la política y la sociedad, como lo eran cuando fueron dictados por el filósofo griego, aunque a alguno de esos conceptos se les pretenda dotar de una nueva significación.

Pero el legado de la filosofía helénica en su conjunto nos transmite a la vez una nueva confección del diálogo en el marco de la Ciencia Política como de la Sociología, es decir, tanto en la política como en la sociedad, de tanto como nos  ha legado la filosofía clásica, hay dos elementos principales en lo que se refiere a nuestras esencias contemporáneas, los conceptos del Mytos y del Logos, términos que determinan las claves del diálogo en los antiguos, pero también en lo contemporáneo, la realidad de los actos con la realidad de la palabra, la realidad de los hechos con la realidad del pensamiento, la realidad de la expresión de la naturaleza humana, estableciendo un diálogo permanente entre aquello que ha de ser y lo que es.

Y es en esta relación dialéctica, entre lo que ha de ser y lo que es, si me lo permiten, cuando haré un salto en el tiempo, desde la antigüedad clásica hasta nuestros días, para encontrarnos con un politólogo contemporáneo, con el profesor italiano Giovanni Sartori[8], quien nos describe la existencia de dos perspectivas éticas que debemos tomar en consideración para comprender ese diálogo permanente, él nos habla de la ética de la intención versus la ética de la responsabilidad, que viene a resultar una aproximación a lo que vendría a ser una ética de la convicción, la que a su vez podríamos definir como: ética de los principios, que establecería una relación dialéctica con la ética de las consecuencias.

En esta teorización, Sartori, utiliza conceptos como sentimiento, responsabilidad o conmoción, términos que, a su vez, toma prestados de las teorizaciones que el sociólogo alemán Max Weber hiciera a principios del siglo XX, aunque este último las usara para  confrontarlas con las teorizaciones teológicas, mientras que el politólogo italiano encuentra en estos conceptos el valor real y la voluntad del bien como fin último de todo, descubriéndonos, en definitiva, una ética de las buenas intenciones generalmente aceptada en las concepciones políticas y sociales, lo que no hace sino sustentar otro principio que no es otro que la libertad, aquella libertad propia que entra en diálogo permanente con la libertad del otro, y esto es algo que, de alguna manera ya nos descubrió el politólogo e historiador de las ideas letón, emigrado a Gran Bretaña,  isaiah Berlin[9], en la primera mitad del siglo XX, quien nos teorizó sobre dos conceptos de libertad, no antagónicos, sino en diálogo: la libertad positiva y la libertad negativa.

Vemos pues, como el sustrato adversarial define un diálogo en permanencia, aquel que nos hace transitar de la filosofía a la ética y como volando sobre ellas un concepto primario, y de nuevo usaré las palabras de Joseph Ratzinger[10], pues él nos habla de “orientar nuestra libertad hacia el bien”, de manera que ello nos permite observar como el principio ético entronca y hecha raíces en el que ha estado el principio revolucionario por excelencia: ¡la libertad!, en su relación íntima con el bien como entidad suprema y como principio ético a la vez, que entra en diálogo con otros dos principios que encontramos descritos en un documento que fue redactado hace 234 años, el 4 de julio de 1764 y que pueden ver en la siguiente  diapositiva  :

 

“Sostenemos como evidentes por ellas mismas la siguientes verdades, que todos los hombres han sido creados iguales, que están dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se encuentra el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.”[11]

Estas frases las encontramos en las primeras líneas de la “Declaración unánime de los trece Estados Unidos de América”, texto que se conoce coloquialmente como la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América.

Y en ellas descubrimos como nos aparecen conceptos nuevos como la igualdad, que no nos es planteada como un derecho, sino como un principio ético al que se otorga un carácter divino, consubstancial a propia existencia humana, esta vinculación creacionista dota también a los seres humanos, que vienen definidos como iguales, del derecho a la vida, del derecho a la libertad y ambos, en diálogo con un concepto diferenciado y último, que entronca con aquellos términos del diálogo aristotélico como es la búsqueda de la felicidad establecida como un fin.

No estamos debatiendo aún en preceptos éticos y filosóficos y alguno de ustedes me podría plantear, y no estaría equivocado, como aún a pesar de la universalidad de aquella terminología, el concepto “hombre”, hace 234 años, era limitado a una determinada acepción de los seres humanos, como, de hecho, lo era también, en las acepciones clásicas, de manera que podríamos afirmar que hasta finales de la década de los 70 del pasado siglo, no se cumplen fehacientemente en el contexto norteamericano los preceptos establecidos por los “padres fundadores”, e incluso habría mucho que decir, aún hoy, en lo relativo al derecho a la vida, e incluso al de la libertad, pero no es en ello en lo que toca entrar en la conferencia de hoy,

Y si, en cambio, como nuevamente descubrimos como se ponen en diálogo una serie de conceptos: el origen de la vida, la creación y el concepto divino en la cosa pública.

Algo que ya encontramos explicitado en el diálogo que establece Platón entre el mundo de la materia y el mundo de las ideas,  un origen que en los revolucionarios norteamericanos afecta o se infiere en un principio ético primario, la igualdad, fíjense que incluso escrito antes que la libertad misma, a la que se equipara con el derecho a la vida, entendiendo que ambos conforman un diálogo, como estableciendo un sumatorio que no pretenden otro resultado que la felicidad, a la que se considera como un derecho, pero que sería el derecho último,  un bien último, de manera que partiríamos de un principio ético, la igualdad, en tránsito hacia la felicidad como fin.

Esta declaración, la americana, influencia otra, la del hombre y el ciudadano francesa[12], un poco más tardía con varias redacciones, la de 1789, la  de 1793 i la de 1795, que, a diferencia de aquella, tiene una visión distinta y no confiere ya el valor de la creación, aunque se somete a la presencia divina, pero establece el diálogo entre cuatro conceptos,  aquí ya en idéntica posición, sin jerarquías, y concebidos como derechos: la igualdad y la libertad, con dos nuevas perspectivas en diálogo, las que ellos definen como la seguridad y la propiedad.

Recuperando en cierta manera la apología que nos hacía el politólogo Sartori, vemos como el diálogo entre las emociones y los sentimientos se acaban prefigurando como valores inalienables,  ineludibles a lo que podríamos considerar la “res politicaæ”, como hipótesis sustantiva en la sociología política.

Existe, sin embargo, un tercer elemento, que también lo hemos hecho formar parte del título de esta conferencia y es lo que algunos teóricos entienden como imprescindible de la  praxis política y social, nos referimos, a la gestión de los recursos derivados,  estamos hablando ni más ni menos que de la gestión de los recursos desde una perspectiva administrativa,  pero también legislativa,  entendido en el sentido más amplio y complejo del término, y en diálogo con las dos perspectivas que he intentado de esbozar: la filosofía y la ética,  y resultaría incorrecto si no abordásemos esta misma gestión, bañada y en diálogo con los elementos previos, como valores consustanciales y necesariamente anteriores y a la vez finales, como los hemos ido describiendo, aunque ello nos pueda derivar hacia una comprensión bonista, pero debemos entender que son en definitiva a través de la dialéctica entre estos tres ámbitos: la ética, la filosofía y la gestión,  es decir la gestión sumada a aquellos valores antecesores y finales, como estos principios en diálogo, son los que han de plantear, de hecho, la necesidad social que deviene realidad social y todas sus variables dependientes e independientes, de manera que el escenario de la gestión, no puede quedar alienado de esos valores y principios imprescindibles, de modo que el grado de su implementación nos resulta  en la terminología contemporánea lo que suele conocerse como ideología.

Cuando el estadístico norteamericano William Eduards Deming[13], nos apunta ya a finales de la década de  los 80, fíjense ustedes, conceptualizando como salir de la crisis, lo hace a partir de una realidad evidente para la ingeniería de sistemas, la necesidad de la aplicación de lo que ha quedado bautizado como “el ciclo de Deming” que pueden ver en la diapositiva, algo que ha sido muy usado por las escuelas de negocios, es lo que ellos llaman el ciclo de la excelencia, pero que resulta mucho más sencillo que todas aquellas teorizaciones que han dado origen a los sistemas EFQM y CAF, viendo como el propio Deming establecía que en todo proceso y la Res Publica no deja de ser, también un proceso o mejor dicho, la suma de procesos y procedimientos,  todo proceso es una variable y cuanto menor sea la variabilidad, mayor será la cualidad del producto resultante, de manera que a través de su formulación, el ciclo que ven en la diapositiva, se establece un diálogo dependiente entre las cuatro fases que componen el ciclo que no son otras que: planificar, hacer, comprobar y corregir, fases que, asimismo, habrían de estar bañadas de los valores y principios que hemos mencionado, los filosóficos y los éticos.

Fíjense como todos, de una u otra manera, en nuestros ámbitos personales y profesionales, tendemos, o deberíamos tender, al cumplimiento de los principios que Deming nos apunta: planificando, haciendo, revisando y corrigiendo, algo que probablemente sin esta teorización alguna alcanza a conformar nuestras actividades cotidianas, de manera bien normal, aunque no nos parezca evidente.

Y nos daremos cuenta como en aquello que hagamos no obtendremos nunca el resultado adecuado, si no es con la aplicación de este  modesto principio, el de Deming, y no es necesario ni tan siquiera que sea buscando la excelencia como las escuelas de negocios nos proponen, también en la gestión política, pues solo es preciso que sea aquello que se espera, que es lo que se entiende como eficacia, quien a su vez estaría en diálogo con la eficiencia que seria el requisito de hacer aquello que es preciso hacer, además con dos premisas esenciales, la economía de tiempo y de recursos necesarios, de tal manera que el diálogo aquí también, en la gestión pública, como en la privada, tiene unas variables dependientes, que son aquellas que conforman el ciclo de que se trate, que podemos irlo complicando tanto como queramos y podamos, pero donde las esencias del principio están siempre presentes, junto con variables independientes que nos van apareciendo,  e incidiendo en cada una de las fases del proceso de la gestión, también la gestión pública, la gestión política, de tal manera que el diálogo se conforma a partir del principio del ciclo, el hacer, influido por valores y principios que hemos ido distinguiendo desde la particular concreción de nuestros valores filosóficos y éticos, que entran o deberían entrar en diálogo permanente con la gestión, viendo como en función de cual sea la preeminencia en el diálogo que se de entre conceptos, se acaba conformando la perspectiva ideológica y podemos observar, a su vez, un determinado resultado, en función de cómo sean implementados determinados principios filosóficos y éticos y el valor que en este diálogo permanente les sea otorgado.


[1] Tomado del texto  en “Les Prix Nobel en 1919-1920”, con dos enmiendas menores basadas en el texto de Forhandlinger i Storinget (nº 502) de 10 de diciembre de 1920 (Actas del Parlamento de Noruega). Fuente Nobelprize.org

[2] Platón. Diálogos. Obra completa en 9 volúmenes. Editorial Gredos. Madrid. 2003

[3] Ratzinger, Joseph (Benedicto XVI), fragmento del mensaje para la XLVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: “Silencio y palabra: camino de evangelización” 20-01-2012

[4] Aristóteles. La Política, libro I

[5] Habermas, Jünger. The Postnational Constellation”. MIT Presse.Cambridge. 2001. Pag. 110

[6] Mouffe, Chantal. En torno a lo político. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. 2007. pag. 27

[7] Fuster Peiró, Àngela Lorena. Elogia arendtiano de la Doxa: un haz de coincidencias y distancias. Diàlegs. juliol-setembre 2010 número 49

[8] Sartori, Giovanni. Por una teoría política realista, en Cansino, Cesar. La Ciencia política de final de siglo. Huerga y Fierro editores. Madrid. 1999. Pag. 181-184

[9] Berlin, Isaiah. “Two concepts of liberty” conferencia dictada en la Universitat d’Oxford. 1958

[10] Ratzinger, Joseph (Benedicto XVI). Mensaje a los jóvenes del mundo  con ocasión de la XXI Jornada Mundial de la Juventud. El Vaticano, 22 de febrero de 2006.

[11] Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América

[12] Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. 1789

[13] Deming, Williams Eduards.. Out of the Crisis.  M.I.T. Press. 1986