albertbalada

Manual de Supervivencia (artículo sobre el ensayo del mismo título publicado en 2010 por el autor)

In Ciència Política, filosofia, política, sociologia on octubre 29, 2011 at 8:04 pm

Abstract
El presente artículo trata de poner sobre la mesa las claves que se desarrollan en el ensayo publicado en el primer semestre de 2010, con el mismo título y que intenta establecer toda una suerte de criterios que nos permitan comprender los aspectos relevantes de “crisis” desde las perspectivas política, económica y social, ámbitos concretos que afectan al ciudadano corriente; crisis que de hecho nace en el último tercio del siglo XX, que se ha arrastrado hacia la primera década del siglo XXI, donde el crash del 2008 ha tambaleado los cimientos de la sociedad del “New Deal”, proponiendo además toda una serie de ítems de supervivencia respecto de la “moderna” clase política. Las palabras clave serían: Ética, Ciudadanía, Sociedad, Estado, Clases Sociales, Democracia, Libertad.

Abstract
This article tries to put on paper the key place in the essay published in the first half of 2010, with the same title that tries to establish a number of criteria that allow us to understand the relevant aspects of “crisis” from political outlook, economic and social, specific areas that affect the ordinary citizen, a crisis that in fact born in the last third of the twentieth century has been drawn into the first decade of XXI century, where the crash of 2008 has shaken the foundations “New Deal” society’s, proposing a variety of survival items for the “modern” political class. The keywords would be: Ethics, Citizenship, Society, State, Social Classes, Democracy, and Liberty.

La realidad y las emociones

Las emociones, los sentimientos, se nos configuran como valores inalienables, ineludibles de lo que podemos considerar como la “res politicaæ”, substancialmente asimilable a aquel prejuicio que se establece como hipótesis sustantiva en las determinaciones teóricas.

Habrá quien entienda como elemento imprescindible de la praxis política i social los recursos derivados de la gestión, entendida en un sentido amplio y complejo, sin lugar a dudas desde una perspectiva administrativista y aunque ello en sí mismo sea un planteamiento correcto, puede resultar incorrecto si no abordamos esa misma gestión con esos elementos previos como valores consustanciales y anteriores y a la vez finales, aunque de ello pueda derivarse una comprensión “bonista”, son en definitiva valores que nos plantean un hecho, la necesidad social que deriva en realidad social y todas sus variables dependientes o no dependientes.

La vida, generalmente entendida como un hecho existencial, por obvio, se plantea a partir de la concepción y los planteamientos del “New Deal” , es decir, sobre una dinámica, a veces perversa, de éxitos o de voluntades ancladas en las necesidades de ejecutar unos deseos íntimos, también de fracasos, siendo que su evolución nos lleva a contemplar esa misma vida como envuelta en ese recurso posibilista que nos habría de llevar, supuestamente, a la superación de los miedos, en ocasiones atávicos; un recurso que habría permitir poder aproximarnos a nuestros objetivos, a nuestros propios, personales y la mejor de las veces, intransferibles objetivos, lo que algunos llaman la técnica de la recolección de estrellas : la realidad del cumplimiento de los deseos.

¿Por qué puede parecernos fútil debatir sobre grandes temas que trascienden un escenario cualquiera? Temas como la libertad, los deberes, los derechos, la corrupción, la igualdad, las políticas, la política, el amor, la religión, el significado de la vida, la historia, los límites de la ética, el multiculturalismo o el pluralismo, el pluralismo político, los deseos, las expectativas, los límites de la mal llamada globalización, y un largo grupo de etcéteras Hablar, comentar, investigar, establecer debates a la antigua usanza y evitar, muy probablemente, repetir los errores del pasado; se trata, a todas luces de un debate, de una dialéctica, en clave horizontal, alejado de la retórica al uso en vertical.

La ética de la responsabilidad y de los sentimientos

Nos recuerda el maestro Sartori como en el mundo político existen dos perspectivas éticas: una ética de la intención y una ética de la responsabilidad, lo que él viene a denominar la ética de la convicción, de los principios, en un primer estadio y la ética de las consecuencias en un segundo estadio; en este planteamiento teórico podemos descubrir algunas de las propuestas weberianas en contraposición con las teorías teológicas que asimilan la ética de la intención a los principios religiosos, en definitiva la asimilación de la ética de la fe.

Es en este sentido en el que la terminología que nos presenta Giovanni Sartori nos lleva a la concordancia con lo que Weber viene establecer a partir de conceptos tales como Gessinung (sentimiento), Verantwortung (responsabilidad) o Gesinnungsethik (conmoción), en realidad todo aquello que nos lleva a un concepto sobre el que el sociólogo alemán denominó Zweckrationalitat: la racionalidad del fin, aquello que en opinión del politólogo italiano ha de mostrarnos el valor y la querencia del bien, la ética de las buenas intenciones, aquella taxonomía aceptada del hecho político sustentada en el principio de la libertad que llega hasta donde empieza la libertad del otro y como él mismo afirma, hasta “rehusar la responsabilidad del efecto de nuestras propias acciones como un resultado verdaderamente fácil…”.

Proposición de Innovamentismo

Es por ello que el propio Sartori, inventa o nos propone el concepto del innovamentismo metodológico , proponiéndonos de hecho no inventar nada, porque, en su propia humildad, afirmaba ser uno de esos autores anticuados que consideran como primera obligación la de transmitir correctamente el pensamiento y el pensamiento como algo más que un concepto, el pensamiento como el saber en si mismo, aunque a veces pueda parecernos un oximorón si entendemos como tal el análisis y el establecimiento de teoremas científicos en torno de la sociología política y de la ciencia política, teorización que acaban distando en la mayoría de las ocasiones, no poco, de las realidades mismas que las propias teorizaciones nos habrían de proponer.

La principal preocupación, pues, incluso para aquellos que nos proponemos inintencionadamente intentar conjugar más de dos mil años de reflexión sobre la cuestión de la democracia, evidentemente a través de un método riguroso y adecuado, no es si no apuntar la necesidad de transmitir adecuadamente el pensamiento filosófico y político, evitando aquel innovamentismo e intentando encontrar una larga tradición sustentada, no lo olvidemos, en los elementos esenciales y característicos de lo que ahora conocemos como el ideal liberal democrático; en este contexto, distinto sustancialmente al que se observa plasmado en la vida pública y en aquellos que nos proponen renovar e innovar en lo ideológico como el precepto democrático sustentado en lo esencial en los valores de la libertad y de la igualdad, es en el que habría de sernos definido el sistema en el que vivimos o en el que pretendemos vivir y exportar al mismo tiempo como un ideal básico y primigenio de la configuración social y política, más allá, probablemente, del pretérito social y al igual como lo hallamos defendido por otro politólogo, Norberto Bobbio , teórico de la democracia como del binomio Libertad / igualdad.

La supervivencia como Leit Motiv

La supervivencia, esa es la palabra, ese es el factor intrínsecamente ligado a la esencia humana, como lo está de igual modo, también, a la esencia del resto de los seres con los que convivimos en nuestro planeta, es, por tanto el verdadero motor de todo cambio en cualquier proceso evolutivo y también lo es en procesos sociales como el que parece que estamos inaugurando; supervivencia, entendida como una actitud o una acciones sociales que nos enseñan a sobrevivir en situaciones extremas o ante cualquier necesidad especial, como nos explican los manuales de supervivencia al uso, relativos a un conjunto de técnicas, métodos y estrategias de actividad física y psíquica, pero también sociales y políticos, políticos y sociales, que proporcionan unos conocimientos básicos para combatir las situaciones de riesgo, que en general podíamos atribuir a nuestro contacto con la sociedad misma y todo un nuevo contexto derivado del escenario que podemos observar, y/o sufrir; significa en definitiva la posibilidad de abrir nuestra mente, por tanto, hacia un nuevo paisaje, externalizar nuestra percepción social, y a la vez limitar la agresión que puede suponer el contacto con situaciones que pueden llegar a ser situaciones extremas.

Del Estado y de la sociedad

En la configuración del moderno concepto de administración como servicio público, pero a la vez partiendo del modelo de gestión empresarial y de negocios que se va imponiendo y exige una determinada cualidad a la vez que un principio finalista y de costes, cabe que nos preguntemos si es verdaderamente democrática una administración que se gestiona a partir del concepto de clientes y de rentabilidad del servicio, en lugar de conceder al ciudadano ese estatus que le corresponde en tanto que titular de los medios que están puestos a su servicio a través de los servidores públicos que, no lo olvidemos, deberían prestar pleitesía por cuanto el ciudadano no es en realidad un mero cliente que demanda una prestación de un servicio, sino aquel accionista que comparte su titularidad accionarial con otros tantos accionistas que, de hecho, no son más que todos y cada uno de sus conciudadanos.
Los avances tecnológicos resultan imprescindibles para la evolución humana desde la perspectiva más sencilla que podamos comprender, pero la incidencia que ello tiene sobre los ejércitos laborales, sobre aquellos accionistas-ciudadanos, implica una serie de relatos, de resultados nefastos, que explican como estos ciudadanos han de soportar las consecuencias indeseables de la tecnificación de las producciones o de la desregulación productiva, por otra parte, cuando la gestión del conocimiento como base de una sociedad del conocimiento no tiene como objetivo esas indeseables consecuencias.

Esta paradójica situación a la que se enfrentan los accionistas del mundo, el avance incidiendo negativamente en la masa social a la que teóricamente los avances habrían de servir, no es nuevo en la conducta evolutiva huma; los principios de las revoluciones industriales precedentes tampoco se sustentaron sobre ningún valor socializador, a lo sumo el único los propios avances en si mismos, pero la incidencia negativa en los anteriores modelos productivos fue evidente y nos remite por tanto a la necesidad de calibrar el valor humano como variable dependiente y condicionante de todo avance que habría de ser, pues, lo único transcendente, más allá de lo que tradicionalmente se ha considerado como variable del factor trabajo.

De la sociedad y de la ciudadanía

El ciudadano es, por tanto, aquel actor social dotado del poder intrínseco que le otorga el principio de soberanía sobre el que pivota toda la estructura del Estado, aunque todo y todos, en particular la political class, nos hayan hecho creer que aquella delegación de soberanía para la representación, pudiera hacerle al ciudadano menos titular de aquella, como si realmente existiera una pleitesía debida del ciudadano para con toda la estructura de poder, que parece olvidar que es éste, el ciudadano, y no otro, su titular, que la delegación, aunque sin su mandato imperativo que seria óptimo, es aquella que solo hace que centremos en unos pocos representantes lo que en realidad pertenece a la esfera ciudadana.

Es cierto, todo parece olvidar, como si aquella simple persona, sin otro talento que su propia existencia, no hubiera de ser la que el protocolo de cualquier acto se situara en lugar preferente. Este símil que podría parecernos absurdo, pone en cuestión, de hecho el rango institucional de que se dotan los representantes, pues no existe mayor grado, no existe mayor nivel de representación que el del ciudadano en su individualidad, aquella que se suma a la de su conjunto y establece el cuerpo social en si mismo. El ciudadano, el individuo, aquel que goza de la prerrogativa de la vida y en esa vida establece su “ser” social, este es el que detenta el poder, el titular de la soberanía permanentemente.

La discusión sobre los cuerpos intermedios en lo social, es antigua y la historia nos los describe muy bien; nos hablaron de ellos Montesquieu, nos hablo de ellos Gierke, nos hablaron también Hobbes i Kant, sin embargo y a pesar de ello, el hombre, el ser humano en su individualidad, continúa careciendo de transcendencia en general

De la ciudadanía y del cambio social

Es en las situaciones de cambio social, aquel momento en la historia de las colectividades humanas en el que modelo de toma de decisiones puede ser puesto en cuestión; es entonces cuando deberemos tomar en consideración el poder de la libertad individual, como no podría ser de otra manera, frente a la gestión del poder, el poder del “pater familias”, es decir, el de aquel padre o el de aquella madre que tiene problemas y que uno de esos problemas puede ser algo tan sustancial como la imposibilidad para alimentar a su prole: nos encontramos de nuevo con la gestión de la supervivencia, entonces, ¿Quien puede poner en cuestión la libertad del individuo social para obtener ese sustento?
La libertad que distingue el valor humano propio al de otros seres sociales con los que compartimos planeta no puede, bajo ningún concepto, ser puesto en cuestión, salvo que pasemos a entender que pudiéramos poner en tela de juicio el modelo liberal democrático, salvo que pudiéramos entender que ponemos en tela de juicio el concepto mismo de democracia, el concepto mismo de libertad, y por tanto la esencia misma de la propia existencia humana, el propio derecho a existir, ligado a la libertad de ser.

El concepto capitalista del mundo, que puede parecer un concepto neutro, no lo es, responde a una determinada filosofía del pensamiento, una corriente en sí misma que ha ido desarrollándose a lo largo de los siglos y “per se” no podría haber llegado al colapso, solo el cúmulo de errores intencionados, la visión egoísta de las cosas nos ha llevado al momento actual, en el que solo un liderazgo fuerte puede sacarnos del abismo; se trata de repetir de nuevo la historia, sin cometer las atrocidades que se cometieron hará más o menos unos 70 años, ¿Pero quien le explica esto a quien puede que este ya sufriendo en sus propias carnes la desidia de los gobernantes que no vieron o si lo entrevieron miraron hacia otra parte? ¿Alguien podría pensar que no es hora de responsabilidades? y sí la es, es cierto que se exige un determinado patriotismo para compartir el momento, pero ¿Cómo se le explica esto a quien ha perdido su trabajo, su economía está en precario y no tiene visos de solución a corto ni medio plazo?

De la nueva sociedad y de la nueva ética

Estamos hablando de un nuevo contexto social, de un nuevo formato que nos lleva consecuentemente a una nueva y distinta sociedad a la que conocemos hoy en día, pero a la que solo podremos llegar a partir de la aportación que cada uno de nosotros hagamos, en el sentido de converger en ese concepto de mínimos exigibles para la supervivencia.

Si tomamos consciencia de nuestra propia individualidad, de nuestro propio ser social, entonces habremos comprendido que la soledad es un bien al que rodeamos con determinados bienes intangibles, pero que somos nosotros y únicamente nosotros los que debemos construir este nuevo esquema, adaptando nuestra vida a nuestras propias posibilidades, las reales, al margen de las que pudieran haber sido construidas por alguien distinto a nosotros, a conveniencia de un entorno al que podríamos haber pertenecido pero que no nos pertenecía.

Si tomamos consciencia, pues, de todo ello, sabremos que nosotros debemos coronar nuestras propias pirámides, somos nuestro centro y nuestra cúspide, el ciudadano, es quien debe coronarlo todo y mientras no tomemos consciencia de ellos nos veremos sometidos a los vaivenes de la satrapía . Decía el poeta francés Guy de Maupassant que “nuestro gran tormento en la existencia viene del hecho que nos encontremos eternamente solos, y como todos nuestros esfuerzos, todos nuestros actos no tienden más que hacernos huir de esa soledad” ; esta definición poética nos permite construir pues esa percepción con la que podemos encontrarnos, incluso cuando las cosas nos van bien, imaginando esa soledad del individuo que no ve más que muros de hormigón y acero a su alrededor; con toda probabilidad, la individualidad en este sentido nada tiene que ver con el concepto libertad y ciudadanía del que ya hemos hablado, nos adentramos en el mundo de la percepción individual del entorno en el que desarrollamos nuestra conciencia colectiva y social.

Hemos descubierto que hemos estado sometidos a engaño, un engaño más o menos perceptible, sobre el que pesa como una losa el concepto de poder, el concepto de dominación, el concepto de privilegio, el concepto de recompensa, e incluso el concepto mismo de democracia; cambiamos aspectos antiguos por conceptos modernos que hacen todo un poco más compresible, pero el dominio de unas clases sobre otras continua siendo evidente.

¿Acaso no consiste y se basa todo en el factor trabajo como aspecto que nos ha de dar la felicidad? Sin embargo, la felicidad podría alcanzarse sin trabajar, ¿no creen? Pero nuestra concepción de las cosas que proviene de nuestras raíces judeo – cristianas en occidente nos lleva a entender este principio como un elemento divinizante y por ello sometido a la realidad más evidente e indiscutible.

Ralph Dahrendorf , ex director de la London School of Economics and Political Science (LSE), ya nos advirtió de una “cierta deconstrucción de la democracia” en igual modo a como se traducía en un modelo de toma de decisiones que podría ser cualificado como de un cierto autoritarismo político, lo que unido al crecimiento económico se satisfacía adecuadamente en la apatía ciudadana.

No existe una receta mágica que nos pueda sacar de la crisis global, porqué el ciclo económico tarde o temprano si se dan los mismos requisitos puede volver a repetir ese mismo crash; toda pretensión que vaya de la mano de configurar una suerte de catecismo de cabecera nos alejaría de las dosis de pragmatismo necesarias e imprescindible para afrontar no ya el propio duelo por el sistema yacente que podría ser una recreación simbólica del momento, como del instante en la coyuntura evolutiva del yo social, donde de nuevo resuenen en nuestro conocimiento las palabras de los hombres sabios: “La conciencia es la verdadera esencia del hombre…, no hay tiempo libre en la libertad” …

Milikis, Sidney M. y Mileur, Jerôme M. The New Deal and the triumph of the liberalism. University of Massachusetts press. 2002.
Berckhan, Barbara. Deseos. RBA Edipresse S.L. Barcelona. 2008
Sartori, Giovanni. La sociedad multiétnica. Taurus. Madrid. 2003. Pág. 197
Sartori, Giovanni. Por una teoría política realista, en Cansino, Cesar. La Ciencia política de final de siglo. Huerga y Fierro editores. Madrid. 1999. Pag. 181-184
Squella, Agustín. Norberto Bobbio: Un Hombre Fiero y Justo. Ed. Fondo de Cultura Económica, Santiago. 2005.
leitmotiv m. MÚS. Palabra alemana que significa motivo conductor. Designa un tema usado para caracterizar a un personaje, describir un ambiente, etc. Frase, motivo central que se repite en una obra o en general en un escrito, en un discurso, etc. Diccionario Enciclopédica Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L
Sátrapa. (Del lat. satrăpa, este del gr. σατράπης, y este del avéstico ẖšathrapāvan, protector del dominio). 2. m. coloq. Hombre sagaz, que sabe gobernarse con astucia e inteligencia, o que gobierna despóticamente. U. t. c. adj.
De Maupassant, Guy. The Complete Short Stories of Guy de Maupassant. W. J. Black, 1903
Dahrendorf, Ralph. El recomienzo de la historia. Madrid, Katz Barpal Editores, 2007
Clemens, Alan, Instinto de Libertad. Editorial Humanitats, S.L. Barcelona. 2008

Igualdad y desigualdad, individuo y sociedad

In Ciència Política, filosofia, sociologia on gener 21, 2011 at 2:02 pm

Avanzar en la determinación de las desigualdades sociales o en cualquier caso en el modelo y las formas o usos que delimitan cualquier entorno societario y en la medida en que ello pueda afectar a su desarrollo político en coherencia con el papel que pueden jugar las elites en este sentido, nos ha de permitir descubrir que modelo de sociedad es la que se establece en la primera década del siglo XXI, de igual modo como en el reflejo de las comunidades ha de poder encontrarse alguna respuesta a los vaivenes que se evidencian a lo largo de esta etapa, su conexión con el último tercio del siglo XX, así como de las circunstancias que nos habrán de definir una sociedad cambiante, seguramente convulsa, en la contextualización post-industrial y en particular en un espacio concreto y delimitado como es el de la sociedad catalana, su concepto de autogobierno y autonomía política, el cambio de paradigma social con la construcción del modelo democrático, con conceptos referidos a la razón ideológica tales como nacionalismo, independencia, cooperación o socialización, centralización, descentralización, en particular, el análisis y evolución de los resultados electorales y los principios sustanciales en la conformación de los gobiernos, el modelo de pensamiento que ha impregnado, a su vez, cada uno de los distintos elementos que han ido conformando este complejo engranaje, puesto que como afirma Andrade[1]: las doctrinas políticas, las ideologías, están constituidas por teorías sociales, principios éticos y tradiciones culturales.

Se pregunta Jean Jacques Rousseau en el año 1754, dentro de la dedicatoria a la República de Ginebra de su Discurso sobre el origen de la desigualdad en los hombres, “¿cómo podría meditar acerca de la igualdad que la naturaleza ha establecido entre los hombres y sobre la desigualdad creada por ellos, sin pensar al mismo tiempo en la profunda sabiduría con que una y otra, felizmente combinadas en ese Estado, concurren, del modo más aproximado a la ley natural y más favorable para la sociedad, al mantenimiento del orden público y a la felicidad de los particulares?”[2] , pregunta que halla su respuesta en el propio discurso rousseauniano, cuando el pensador afirma que “no es necesario hacer del hombre un filósofo antes de hacer de él un hombre. Sus deberes hacia sus semejantes no le son dictados únicamente por las tardías lecciones de la sabiduría, y mientras no resista a los íntimos impulsos de la conmiseración, nunca hará mal alguno a otro hombre, ni aun a cualquier ser sensible, salvo el legítimo caso en que, hallándose comprometida su propia conservación, se vea forzado a darse a sí mismo la preferencia.”.

Rousseau nos habla, del individuo como centro de ese proceso de concreción social, de determinación de las relaciones nacientes a partir de la ley natural, como principio que en su tratado plantea como hecho fehaciente para la conformación social: “Considero en la especie humana dos clases de desigualdades: una, que yo llamo natural o física porque ha sido instituida por la naturaleza, y que consiste en las diferencias de edad, de salud, de las fuerzas del cuerpo y de las cualidades del espíritu o del alma; otra, que puede llamarse desigualdad moral o política porque depende de una especie de convención y porque ha sido establecida, o al menos autorizada, con el consentimiento de los hombres. Esta consiste en los diferentes privilegios de que algunos disfrutan en perjuicio de otros, como el ser más ricos, más respetados, más poderosos, y hasta el hacerse obedecer.

No puede preguntarse cuál es la fuente de la desigualdad natural porque la respuesta se encontraría enunciada ya en la simple definición de la palabra. Menos aún puede buscarse si no habría algún enlace esencial entre una y otra desigualdad, pues esto equivaldría a preguntar en otros términos si los que mandan son necesariamente mejores que lo que obedecen, y si la fuerza del cuerpo o del espíritu, la sabiduría o la virtud, se hallan siempre en los mismos individuos en proporción con su poder o su riqueza; cuestión a propósito quizá para ser disentida entre esclavos en presencia de sus amos, pero que no conviene a hombres razonables y libres que buscan la verdad.”

El profesor Jorge Riezu[3] considera al hombre, como factor creador de nuevas fuentes que nos han de permitir el estudio, un estudio que no se habría de limitar tan solo a la mera transcripción del hecho documental, si no que, como él afirma, corresponde al tratamiento de la agregación de “las peculiaridades que afectan y definen a ese individuo, situaciones, estructuras, condiciones históricas, etc.”. Las realidades, pues, son aquellas que interesan, como explicadoras de un contexto autónomo, pero presumiblemente interesante a la hora de abordar en una perspectiva científica, un contraste, como apunta el profesor Murillo Ferrol[4], entre la modernidad en lo político respecto del atraso relativo de la estructura social correspondiente.

Para determinar la fuente fundamental y básica que nos ha de llevar a la contextualización efectiva de la sociedad post-industrial, entendida como aquella que abarca desde finales del siglo XX i la primera década del siglo XXI, resulta necesario acudir previamente a la definición del concepto de las desigualdades sociales, más allá del “eterno lugar común de la economía”[5]; para ello debemos reencontrarnos con los clásicos y ver como ya Platón [6] nos definía el concepto de estratificación social referido, eso sí, al modelo social y político imperante, sin dejar de detenernos en conceptos que él nos describe y asimila a su concepción de las formas de gobierno, pero para nosotros es muy importe entrar a analizar el concepto mismo de democracia, por ser el más próximo al actual concepto definitorio de nuestro marco político y social a partir del cual se determinaría el concepto de desigualdad.

Platón nos define el concepto de democracia como aquel en el que “antes que nada los hombres deben de ser libres, y la ciudad resultará llena de libertad y –añade- de franqueza y donde se dará la posibilidad que cada cual haga lo que quiera. (…) Y donde se da esta posibilidad, está claro que cada cual organizará la vida como le plazca”.

Ciertamente el valor de la libertad será uno de los principios que habrá de perdurar hasta nuestros días, como un bien individual, pero a su vez como un bien eminentemente social que nos configurará un determinado contexto general, en función, siempre, de sus fuentes anteriores, como apunta el profesor Riezu. Pero Platón nos añade más trazos al perfil democrático y si en principio nos habla de libertad, también lo hace respecto de un nuevo concepto, el de la igualdad, para afirmar que la democracia “distribuirá indistintamente la igualdad tanto entre los que son iguales como entre los que no lo son”, pero, como apunta el profesor Roncaglia[7], habremos de estar atentos y observar como ya Platón, como también haría más tarde Aristóteles[8], nos describen ambos las características de la estratificación social, que ellos advierten como hechos de la naturaleza intrínsecas a los seres humanos, en una tesis que perduraría justificando la jerarquización social que, tanto Tomás de Aquino como la escolástica que le sucedió, harían proveer desde “la voluntad divina” el otorgamiento de los talentos en los hombres, lo que habría de dar pié a las desigualdades de rango, mérito, capacidades, destreza y condición de cada individuo y en su función a la “justa” distribución de rentas y riqueza.

Será, sin embargo, a finales del siglo XIX, cuando Wilfredo Pareto[9] formuló su conocida ley de Pareto también conocida como la regla del 80:20, relativa a la distribución personal de la renta y que se sintetiza en una fórmula famosa:

Log N = log A – α log x

En la que N es el número de familias con una renta por lo menos igual a x, A es un parámetro que indica el tamaño de la población, y α es un parámetro estimado, que generalmente tiene un valor de 1,5.

La aparente aplicabilidad de esta fórmula a diferentes poblaciones y diferentes épocas se interpreta como una demostración de que la distribución de la renta es independiente de las vicisitudes históricas y sociales. Según Pareto, su “ley” refleja diferencias innatas en las aptitudes personales, distribuidas de forma aleatoria entre la población, siendo por lo tanto una ley de la naturaleza, que no divina, lo que nos lleva a los modernos modelos teóricos en materia de interpretación de las desigualdades que propugnan las teorías económicas, que van más allá incluso de lo que podría ser una simple teoría de la “distribución del Trabajo”[10] que no habría de permitir la comprensión de la estática y la dinámica de las cuotas distributivas, lo que el propio Roncaglia considera insuficiente, al entender que “el conocimiento de los mapas de preferencias individuales y la aplicación de los instrumentos del análisis del equilibrio general, y de ahí un enfoque subjetivo –dice-, también son necesarios”.

[1] Andrade Blanco, Juan. Entrevista a propósito de su tesis de Juan Andradre «El PCE y el PSOE en (la) transición. Cambio político y evolución ideológica», Universidad de Extremadura, diciembre de 2009. Centro de Investigación para la Paz.

[2] Rousseau, Jean Jacques. “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”. Traducción de Pumarega, Ángel. Calpe, Madrid. 1923. Edición digital Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. 1999.

[3] Riezu, Jorge. Perfiles de la II República (A propósito de la obra “Estudios sobre la II República Española). Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Revista de Estudios Políticos. Número 206. 1976. Pág. 350

[4] Murillo Ferrol, Francisco. “Balance desde la perspectiva” articulo en Estudios sobre la II República. Pág. 254

[5] Schumpeter, J. History of economic analysis. E. Boody Schumpeter, Nueva York: Oxford University Press. 1954. (Historia del análisis económico, Barcelona: Ariel 1971).

[6] Platón. La República. (Libros VIII-X). Fundació Bernat Metge. Barcelona. 1992. (Traducción de Manuel Balasch) Pág. 37

[7] Roncaglia, Alessandro. Los orígenes de la desigualdad social: los castores para las mujeres y los ciervos para los hombres. Conferencia en el 5º Encuentro Ibérico de Historia del Pensamiento Económico, Madrid, 12-15 diciembre 2007.

[8] Aristóteles. Política. Edit. Garcia Gual, Carlos y Pérez Jiménez, Aurelio. Altaya. Barcelona. 1993.

[9] Pareto, V. “La courbe de la répartition de la richesse”, en Recueil publié par la Faculté de Droit de l’Université de Lausanne à l’occasion de l’Exposition nationale de 1896, pp. 373-387. (Trad. italiana, La curva di ripartizione della ricchezza, en M. Corsi (ed.), 1995, pp.51-70).

[10] los economistas clásicos consideraban que la división del trabajo caracterizaba a la economía. Esto no implica solamente la separación de tareas dentro de cada proceso de producción, sino también el hecho de que las diferentes unidades productivas sirven a distintos procesos de producción, los cuales conducen a diferentes (conjuntos de) mercancías. Así pues, al final de cada proceso productivo, cada unidad productiva (y cada sector, es decir el conjunto de unidades productivas que utilizan procesos de producción similares y producen mercancías semejantes) necesita recuperar sus medios de producción a cambio de por lo menos una parte de sus productos.

Cohesió vs Creixement

In Ciència Política, filosofia, sociologia on març 18, 2010 at 11:49 am

El psicòleg social Erich Fromm[i] ens deia que: “l’evasió davant la por que produeix la llibertat es produeix a través d’un retorn que condueix al totalitarisme, el recurs a la destructivitat i l’adaptació a una conducta de conformitat automàtica”; els estudis sobre les noves relacions internacionals[ii] ens plantegen tot un seguit d’ítems en les relacions d’occident amb el món islàmic, i de fet és del tot interessant i fins útil, el fet que la ciència política plantegi l’ interès sobre aquestes qüestions que són, en definitiva, sobre les que ha girat l’acció política en el camp que il·luminava Samuel P. Huntington[iii] i que servia per dibuixar una mapa en aquelles relacions que encara perdura en determinats identitaris.

Resulta obvi en societats fruit de la interiorització de la cultura judeocristiana com es pot donar un sentiment majoritari que vegi en una possible “almenarització” social un greuge que desdibuixaria els “sky line” de les ciutats, i en part en tenen raó, però precisament aquells estudis ens permeten de conèixer la realitat subsistent en tot aquest procés de conformació de la societat pluralista[iv], principi que dista una mica del model multicultural; perquè tots els immigrants no són iguals; perquè l’immigrant de cultura teocràtica planteja raons distintes respecte de l’immigrant que accepta la separació entre la religió i la política.

De fet l’anàlisi teòrica serveix, doncs, per a enquadrar els problemes pràctics que comentaristes i analistes de tot tipus afronten, com qui diu, amb una inconscient lleugeresa de manera que no ens hem de deixar embadalir per allò que podria esser considerar políticament correcte, perquè estem parlant de la societat en definitiva i per tant de principis i valors, ara ja universalitzats i si en mirem les teoritzacions de Huntington podem veure, fins i tot en la discrepància mateixa, com les seves tesis, les del xoc de civilitzacions, poden fins i tot haver substituït a les de la lluita de classes i als conflictes nacionals com a motors de la història, malgrat la discutible unilateralitat excloent que planteja, tot oferint-nos tot un seguit d’anàlisis històriques i plantejaments que permeten interpretar la realitat encara vigent.

Sembla coherent d’entendre certament que les particularitats islamistes, com apunta el professor Mohamed Darif[v], tot i que ell referència la marroquina que és la que ha estat objecte del seu estudi, “tenen la seva rel en una raó ideològica, en torn a la interpretació de la religió islàmica” , però en el reconeixement que “l’expansió ideològica, ve facilitada por diversos factors de tipus polític o socioeconòmic”.

Wahhabisme, Salafisme, Mahdisme, La Germandat Musulmana, són corrents del fonamentalisme islàmic que els estudiosos han identificat i referit hores d’ara, d’acord amb principis diferencials que es donen entre elles, una mateixa conceptualització teòrica que en determina uns elements diferenciadors, que les fa reconèixer com a filles de la crisi política, econòmica, social i cultural del model occidental trasplantat al món àrabomusulmà a partir dels contextos descolonitzadors.

Hi ha, de fet, un entorn social contra el que rebel·lar-se? I si aquest existeix, és imperativament una amenaça per alguna part de l’entramat social? Aquesta és una realitat que caldrà posar sobre la taula, perquè parteix d’una premissa interioritzada absolutament per les societats de tot tipus en el darrer segle i mig: la teoria del conflicte social, tot i que per Max Weber[vi], “la consciencia humana –idees, creences, valors…- és un element tant important com la tecnologia i el conflicte social en la gestació del canvi social”.

Resulta imprescindible recórrer a Ralf Darhendorf[vii] en el sentit com ens plantejava l’entrellat del nucli central del que ell anomena la quadratura del cercle, és a dir: cóm compatibilitzar en les societats lliures la prosperitat econòmica amb la necessària cohesió social?, on al meu entendre resideix el quid de la qüestió, com ens planteja el sociòleg alemany, complementant l’epistemologia weberiana: “cohesió versus creixement”, en un moment com el present en el que les diferents fonts científiques ens plantegen la fallida del sistema i la necessitat d’una reformulació absoluta del mateix, de manera que el criteri de consciència es fa encara més present, actual i viable que mai.

El segle XX va veure en la caiguda del mur de Berlín i la reunificació germànica, un dels principals ítems simbòlics en la reconstrucció europea i mundial, es tancava així un procés que no només era producte de la guerra freda, es tancava un procés que naixia i enllaçava foscament, s’arrelava, amb les primeres dècades d’aquell segle de canvis: revolució russa, primera guerra mundial….

Fa ben poc, el segle XXI s’obria amb una catàstrofe simbòlica, uns atemptats amb format novat que tombava les torres del Word Trade Center de Nova York. La Ground Zero és avui, com aquella caiguda del mur, és una rèmora simbòlica que evidencia, que recontextualitza les dinàmiques en els escenaris mundials, uns escenaris on sempre les vides humanes, abans i ara, com aquelles pobres tropes de les edats mitjanes i antigues eren castigades, abatudes, esquarterades…, mentre els senyors, nobles i reis, ho miràvem des de les atalaies….

La memòria transcendeix els fets, i amb el pas dels anys, configura identitaris rellevants, evocatoris, catàrquics en molts casos, que posen de manifest com les debilitats i les passions esdevenen guies de la història i de les històries que la conformen; però potser no ens hem preguntat mai cóm seria del devenir dels països sense aquelles històries mínimes, sense les històries anònimes de tots i cadascun de nosaltres?.

Podria ser aquesta una definició hol·lística, però la referència a aquestes unitats socials és necessària si tenim en compte que se’ns gerencien les nostres vides en funció d’interessos diversos, distints i aliens als nostres, com si la humanitat sencera fos un actor mut que de tant en tant neix, gesticula, somriu, plora, gemega i… es mort, esdevenint anècdota que mai arriba a ser convertida en categoria.

Qui ens condemna a repetir la història una i una altra vegada? Probablement l’hostilitat permanent de una civilització que veu del conflicte com a proposta cíclica que castiga, sempre, sempre, sempre, al més dèbil, perquè com ens diu Harold Kerbo[viii] : ”la societat és un col·lectiu d’actors als que individualment s’emmotlla i afecten certes forces grupals a les que contribueixen aquest mateixos individus”, gratuïtament diria jo, i potser de nou Max Weber[ix] tenia raó quan ens sàviament ens deia:

”L’home no pot conduir-se a la vegada segons les exigències de la moral de la santedat i les exigències de la moral temporal. Oferir l’altra galta és manca de dignitat si no és santedat. Per altra banda, si bé és cert que Apol·lo i Mart, Venus i Minerva no estan condemnats a combatir-se, cada persona, individual o col·lectiva, no pot sacrificar a tots els déus.” .

Potser, com ell, ens hauríem de qüestionar sobre els principis de la dominació, de l’ús de la tecnologia com a instruments militars i molt en particular, sobre qui en detenta realment el control, qui ens colonialitzat, com i perquè, mentre la dialèctica del conflicte està servida, aquella que el mateix Weber ens va descriure, en un o altre format, quan fan de nou vàlides les seves paraules: “El que tenim davant de nosaltres no és l’albada de l’estiu, sinó una nit polar d’una duresa i una foscor gelades, siguin quins siguin els grups que ara triomfin.”

La ciclicitat de la història, potser, no sigui una paradoxa científica, perquè rellegint els nostres referents de civilització podem trobar la gran crisi econòmica que va viure la polis atenenca a principis del segle sisè abans de crist.

De fet abans que les relacions econòmiques esdevinguessin monetàries, ja hi havia tota una relació creditícia donada a partir de l’explotació irracional de la terra àtica en el marc d’un creixement demogràfic desmesurat; aquestes circumstàncies creaven un fenomen que afavoria la necessitat d’endeutament per part dels propietaris de les terres per a poder garantir la viabilitat de collites futures, però l’endeutament va arribar a ser un procés tant greu que fins i tot hi havia garanties personals, no com ara que es respon patrimonialment, eren situacions d’autèntic esclavatge entre homes lliures, el que afavoria, evidentment l’emigració per evitar aquesta situació final.

En aquest context es quan Solon, un dels set savis de Grècia, accedeix al Arcontat i a banda de les reformes constitucionals, planteja que les disposicions draconianes que s’exercien sobre els ciutadans atenencs havien de desaparèixer per a poder recuperar la dignitat, la propietat i alhora avançar cap a una nova societat, moment en el que s’estableix, tanmateix un nou dimensionament social en funció de les característiques censitàries que establien els nivells de ciutadania, però també els nivells d’intercanvi a partir d’una nova concepció ara ja monetària.

Resulta doncs evident que Solon, al que trobem descrit per Plutarc, Plató i Aristòtil[x] , va ser capaç de tenir la visió de ruptura amb el sistema preexistent alhora que la seva visió de futur i de cohesió social, en front de revoltes possibles va fer establir tot un seguit de reformes pactistes que definien aleshores un nou sistema de relacions socials i econòmiques que naixia.

[i] Fromm, Erich. El miedo a la libertad. Paidós. Barcelona. 1989.

[ii] Corral Salvador, Carlos Manuel; García Picazo, Paloma ; Kabunda Badi, Mbuyi . Los fundamentalismos religiosos, hoy, en las relaciones internacionales. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 1994.

[iii] Huntington, Samuel P. El choque de civilizaciones: y la reconfiguración del orden mundial. Paidós, Barcelona. 1998.

[iv] Sartori, Giovanni. La sociedad multiétnica: Pluralismo, multiculturalismo y extranjeros. Taurus. Madrid. 2001.

[v] Darif, Mohamed. Marruecos Digital. 21-07-09.

http://www.marruecosdigital.net/xoops/modules/wfsection/article.php?articleid=242

[vi] Gilbert, Jorge. Introducción a la sociología. Lom Ediciones. Santiago de Chile. 1997. pag. 118.

[vii] Dahrendolf, Ralf. El recomienzo de la historia. De la caida del muro a la guerra de Irak. Katz Barpal Editores. Madrid. 2007.

[viii] Kerbo, Harold R. Estratificación social y desigualdad. McGraw Hill. Madrid. 1998. pg. 220

[ix] Weber, Max. El político y el científico. Alianza Editorial. Madrid. 2003. pag. 71 i 178

[x] Plató. Diálogos. Obra completa. Volumen VI: Filebo. Timeo. Critias. Editorial Gredos. Madrid. 2002.

Plutarc. Vidas paralelas. Obra completa. Volumen II: Solón & Publícola; Temístocles & Camilo; Pericles & Fabio Máximo. Editorial Gredos. Madrid. 1996
Aristòtil . Obras Completas. Política. Editorial Gredos. Madrid. 2005

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